
Estaba solo, en el medio de una plaza. Era de día, estaba soleado, y toda la gente se movía alrededor mío como si no tuvieran apuro ni preocupaciones. Muy tranquilos como si fuese un domingo en medio de Enero. Todo se movía tan lento… Cada vez mas lento… Hasta que en un momento el tiempo se detuvo.
Pero yo estaba ansioso, desesperado, inquieto. Empecé a buscar algo que no sabía que era, caminando por entre la gente que estaba petrificada. Cuanto más buscaba mas ansioso me ponía y menos sabía que era lo que estaba buscando. Rendido me senté en un banco, al lado de una señora que le estaba dando de comer a unas palomas.
La miré, estaba quieta, con la mirada fija en el alimento que salía de su mano, el cual estaba flotando en el aire; y algunas plumas de las palomas que bajaban desesperadas estaban suspendidas, como colgando de hilos invisibles. Inmóviles. Pero mirando bien me di cuenta que una de las plumas sueltas se movía muy lentamente. Observe mejor esa pluma y me percaté de que se movía como la aguja de una brújula. Así que la agarre y la puse sobre mi mano.
Empezó a girar rápido! Muy rápido… No paraba de girar… Pero instantáneamente se detuvo y se convirtió en una flecha, que señalaba al oeste. Donde el sol se estaba escondiendo por entre los edificios.
Sorprendido empecé a correr en esa dirección, esquivando estatuas de gente que ni siquiera sabían que yo estaba ahí… La sensación de ansiedad empezó a desaparecer a medida que corría más rápido. Sin pensar en nada mas que en correr en esa dirección, me dí cuenta que la gente empezaba otra vez a moverse, pero eran lentos… muy lentos… El sol también recobro movimiento y a medida de que bajaba para morir al final de esa calle recta, me encandilaba más y más. Ahí fue.
En ese momento que el sol me encandiló totalmente, que no podía ver más nada que la luz, blanca, amarilla, roja, los colores se mezclaban y yo seguía corriendo. Me di cuenta que no sentía el viento en la cara, que los pies no ofrecían resistencia. Los colores se empezaron a transformar en figuras, y las figuras en gente, autos, edificios.
Mirando alrededor mío vi que la gente se movía normalmente, pero esta vez el que estaba petrificado era yo. Quería seguir corriendo en esa dirección pero no podía. Mis piernas no se movían, mis brazos tampoco, quise pedir ayuda y tampoco pude. Desesperado, en esa situación, veo que en la esquina dobla una mujer.
Había mucha gente y mujeres en esa cuadra. Pero esta era LA mujer.
A medida que avanzaba con su sonrisa y su pelo negro que la seguía bailando al compás de sus movimientos, la gente se volteaba a verla asombrada. Pero no podían fijar su mirada en su caminar, porque al instante que la miraban quedaban petrificadas, otra vez! Como si el tiempo se detuviera a su paso. La luz roja del semáforo nunca cambió, y el humo de los autos quedó flotando inmóvil en el aire.
La mujer dirigió su mirada hacia mí. En ese instante quede libre nuevamente. Podía moverme!! Podía correr!! Así que no lo dudé… Salí corriendo a toda velocidad hacia ella y la abrasé muy fuerte… Un silencio absoluto recorrió cada centímetro de la ciudad. Otra vez el tiempo estaba muerto.
Me sonrió… Me dijo “aca estoy”. Y yo sin palabras para expresar lo que sentía y todavía sin soltarla, la miré a los ojos y le dije “un abrazo tuyo vale mas que una escalera al cielo, una simple pluma marcó mi camino hacia hacia un abrazo eterno". Cerré los ojos y le dí un beso. Abrí los ojos, y para mi asombro estábamos de nuevo en aquél banco de aquella plaza.
Ahora era de noche y todavía estaba la señora inmóvil, sentada en ese banco. Pero no había palomas ni alimento. Esta vez la señora estaba con un brazo levantado señalando una fuente. Nos acercamos y vimos en el agua el reflejo de nuestras caras, devolviéndonos una sonrisa. El reflejo comenzó a cambiar… nos volvíamos viejos, pero seguíamos sonriendo. Me tomaste la mano, te miré, me diste un beso. El beso duraba una eternidad… el tiempo no corría, el silencio era sinónimo de paz… y desee poder estar así para siempre.
Pero como en todo sueño uno tiene que despertar. Una lágrima resbaló por el costado de mi cara… y al desprenderse de mi cuerpo cayo con fuerza al piso haciendo un ruido abrumador que hizo que me despertara.
Volví a dormirme, con la esperanza de volver a soñar con vos… pero no sucedió

